Pau Fernández

El espacio disponible para las representaciones mentales

Los antecedentes son los siguientes:

  1. El cerebro contiene una representación interna para todas aquellas cosas sobre las que podemos pensar. Es como un árbol inmenso de pequeñas lucecitas, detectores que se activan en situaciones súmamente específicas.

  2. El cerebro posiciona los detectores repartiéndolos en pequeñas zonas del neo-cortex, que es una superfície de tamaño grande pero limitado.

  3. Cada zona está conectada de forma concreta con las demás, y tiene un tamaño concreto. Por ejemplo, la zona que detecta caras utiliza como entradas las zonas que detectan ojos, narices y bocas. (Por cierto que este circuito está determinado genéticamente.)

  4. Cada persona tiene una red de conexiones distinta y por consiguiente tamaños para cada zona.

  5. Alguna gente tiene déficits concretos en temas muy particulares. Dos casos son famosos: a) la prosopagnosia, que es la dificultad para reconocer caras de personas 1 y b) la dislexia, que es la dificultad para reconocer palabras. Aparte de éstas, también se han catalogado otros tipos de déficits similares.

La deducción fácil para mí es que te cuestan aquellas cosas para las que tu cerebro tiene un área de representación más pequeña de lo normal. Un área pequeña implica que te “caben” pocos detectores y por tanto, no tendrás una buena discriminación. En el caso de la prosopagnosia, tus detectores clasifican unos pocos tipos de caras y grandes grupos de caras parecidas (pero distintas) se consideran la misma.

Por otro lado, ciertas cosas te pueden parecer “invisibles”, porque tu cerebro apenas las registra, simplemente porque no tiene detectores para ello (tu zona de representación es prácticamente inexistente).

Hay dos factores que confunden este análisis: la plasticidad y la motivación.

La plasticidad hace que las zonas puedan irse expandiendo con el uso, así que algo que usas de forma muy frecuente luchará por espacio de representación en el neo-córtex, y ganará a las zonas que se usan menos 2. Pero el circuito inicial tiene bastante importancia, porque puede hacer que haya cosas que te salen desde niño con una facilidad que a los otros les parece asombrosa, o al revés.

Luego la motivación mueve montañas y te pueden apasionar cosas que no te salen bien y acabar haciéndolas bien, o estar desmotivado por cosas para las que tienes gran capacidad, y éstas se van perdiendo por el desuso. Conozco personas que son vivos ejemplos de las dos cosas.

Digo todo esto porque, aparte del aspecto científico, que para mí tiene un interés difícil de describir, suelo aplicar estas ideas para entender lo que veo a mi alrededor. En mí mismo, por ejemplo, veo dos zonas bien dotadas: la visión, y en particular la tridimensional, y, en música, las melodías (pero no las harmonías, que me cuestan más). Estos dos temas me gustan porque me salen sin esfuerzo, pero no me dedico a ellos por motivación intrínseca ni por trabajo.

Por el contrario, siempre me equivoco al intentar recordar quién estaba presente conmigo en cada situación vivida, y si me dices un año, me cuesta mucho decirte qué hacía entonces, lo tengo que reconstruir usando pistas. Y en cambio hay gente que parece tener un mapa mental del tiempo 3 y se mueve por él como si lo viera (lo que hago yo con objetos tridimensionales).

Está claro el efecto que puede tener la motivación, pero el resultado es que nuestro “radar” tiene agujeros, frecuencias donde no recibe señal. Nuestro cerebro son como unas gafas con un cristal que filtra la realidad de forma muy particular. Y eso afecta enormemente a nuestra percepción y en última instancia, determina en parte quién somos.

  1. Grados de prosopagnosia hay muchos, desde gente que tiene simple dificultad, hasta gente que no reconoce a los miembros de su propia familia (los reconoce de otras maneras, por el olor, la voz, etc.). Por otro lado hay gente que es increíblemente buena reconociendo a otra gente (los super-recognizers). 

  2. Los ciegos tienen una gran parte del cerebro preparada para el procesado de la información visual pero se acaba usando para otras cosas, como el lenguaje

  3. Hay gente que recuerda, a la perfección, cada día de su vida. (Aunque en este caso es probable que contribuyan otros factores aparte del tamaño de la zona que representa instantes de tiempo.) 

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